miércoles, 26 de agosto de 2026

6:53:42 p. m.

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Soacha (identificada institucionalmente con el NIT 800.094.755-7 y el código DANE 25754) constituye el núcleo urbano y socioeconómico más importante de la Provincia del Soacha y de la franja sur del Área Metropolitana de la Sabana de Bogotá. 
Soacha (identificada institucionalmente con el NIT 800.094.755-7 y el código DANE 25754) constituye el núcleo urbano y socioeconómico más importante de la Provincia del Soacha y de la franja sur del Área Metropolitana de la Sabana de Bogotá. 

Etimología y Raíces Ancestrales (Muysccubun)
La toponimia de Soacha hunde sus raíces en el Muysccubun (lengua de la familia lingüística Chibcha), hablada por las comunidades precolombinas que habitaron el altiplano cundiboyacense bajo la jurisdicción del Zipazgo de Bacatá. La voz ancestral se estructura a partir de dos morfemas fundamentales:
  • Xua (o Sua): Vocablo sagrado que designa al astro Sol, la luz matutina y la divinidad suprema del panteón muisca.
  • Chá: Término que traduce varón, hombre de linaje, líder o dignidad guerrera.
De esta conjunción etimológica deriva la célebre interpretación tradicional y poética de Soacha como la «Ciudad del Varón del Sol» (Xua-Chá), reflejo de la altísima dignidad ceremonial que este territorio ostentaba en la cosmogónica indígena, al albergar importantes centros de culto astronómico y portales naturales sagrados como el Salto del Tequendama.


Etimología y Raíces Ancestrales (Muysccubun)

La toponimia de Soacha hunde sus raíces en el Muysccubun (lengua de la familia lingüística Chibcha), hablada por las comunidades precolombinas que habitaron el altiplano cundiboyacense bajo la jurisdicción del Zipazgo de Bacatá. La voz ancestral se estructura a partir de dos morfemas fundamentales:

  • Xua (o Sua): Vocablo sagrado que designa al astro Sol, la luz matutina y la divinidad suprema del panteón muisca.

  • Chá: Término que traduce varón, hombre de linaje, líder o dignidad guerrera.

De esta conjunción etimológica deriva la célebre interpretación tradicional y poética de Soacha como la «Ciudad del Varón del Sol» (Xua-Chá), reflejo de la altísima dignidad ceremonial que este territorio ostentaba en la cosmogónica indígena, al albergar importantes centros de culto astronómico y portales naturales sagrados como el Salto del Tequendama.

Dios Varon Del Sol SH
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Etimología y Raíces Ancestrales (Muysccubun)
La toponimia de Soacha hunde sus raíces en el Muysccubun (lengua de la familia lingüística Chibcha), hablada por las comunidades precolombinas que habitaron el altiplano cundiboyacense bajo la jurisdicción del Zipazgo de Bacatá. La voz ancestral se estructura a partir de dos morfemas fundamentales:
  • Xua (o Sua): Vocablo sagrado que designa al astro Sol, la luz matutina y la divinidad suprema del panteón muisca.
  • Chá: Término que traduce varón, hombre de linaje, líder o dignidad guerrera.
De esta conjunción etimológica deriva la célebre interpretación tradicional y poética de Soacha como la «Ciudad del Varón del Sol» (Xua-Chá), reflejo de la altísima dignidad ceremonial que este territorio ostentaba en la cosmogónica indígena, al albergar importantes centros de culto astronómico y portales naturales sagrados como el Salto del Tequendama.
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Etimología y Raíces Ancestrales (Muysccubun)


La toponimia de Soacha hunde sus raíces en el Muysccubun (lengua de la familia lingüística Chibcha), hablada por las comunidades precolombinas que habitaron el altiplano cundiboyacense bajo la jurisdicción del Zipazgo de Bacatá. La voz ancestral se estructura a partir de dos morfemas fundamentales:



Xua (o Sua): Vocablo sagrado que designa al astro Sol, la luz matutina y la divinidad suprema del panteón muisca.



Chá: Término que traduce varón, hombre de linaje, líder o dignidad guerrera.



De esta conjunción etimológica deriva la célebre interpretación tradicional y poética de Soacha como la «Ciudad del Varón del Sol» (Xua-Chá), reflejo de la altísima dignidad ceremonial que este territorio ostentaba en la cosmogónica indígena, al albergar importantes centros de culto astronómico y portales naturales sagrados como el Salto del Tequendama.

Del Cacicazgo Indígena a la Metrópoli Moderna

Contrario a la denominación colonial de "pueblo de Guacha", la historiografía y la evidencia arqueológica confirman que el territorio estuvo habitado por los cacicazgos de la Confederación Muisca y por grupos predecesores de la Cultura Herrera y del periodo Paleoindio (con ocupaciones en los abrigos rocosos del Tequendama que datan de más de 12.000 años AP).

Tras el proceso de conquista española, el 31 de diciembre de 1600, el oidor Luis Enríquez formalizó el trazado del primitivo "pueblo de indios", adjudicándole las tierras de resguardo y erigiendo la plaza central (actual Parque Principal) entorno a la Parroquia San Bernardino.

A lo largo de los siglos XIX y XX, Soacha transitó de ser una apacible estancia agrícola y veraniega de la aristocracia granadina —famosa por sus haciendas, sus tradicionales amasijos de maíz (garullas y almojábanas) y el histórico Ferrocarril del Sur— a convertirse en un estratégico polo de desarrollo industrial, extractivo y residencial. Hoy en día, el municipio se consolida como una pujante metrópoli en constante crecimiento, receptora de diversidad cultural y garante de la memoria histórica y arqueológica del centro de Colombia.

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Pre Historia
Dada su ubicación geográfica el territorio actual de Colombia constituyó un corredor de poblaciones entre Mesoamérica, el Mar Caribe, los Andes y la Amazonía. Los hallazgos arqueológicos más antiguos fueron encontrados en los sitios de Monsú y Pubenza y datan, aproximadamente, del año 20.000 a. C. Otros vestigios dan cuenta de que también hubo ocupación temprana en regiones como El Abra entre Tocancipá, Zipaquirá y Tequendama en Cundinamarca. Las fechas que arrojan estos últimos sitios corresponden al período Paleoindio.
Pre Historia
Dada su ubicación geográfica el territorio actual de Colombia constituyó un corredor de poblaciones entre Mesoamérica, el Mar Caribe, los Andes y la Amazonía. Los hallazgos arqueológicos más antiguos fueron encontrados en los sitios de Monsú y Pubenza y datan, aproximadamente, del año 20.000 a. C. Otros vestigios dan cuenta de que también hubo ocupación temprana en regiones como El Abra entre Tocancipá, Zipaquirá y Tequendama en Cundinamarca. Las fechas que arrojan estos últimos sitios corresponden al período Paleoindio.

Pre Historia

Dada su ubicación geográfica el territorio actual de Colombia constituyó un corredor de poblaciones entre Mesoamérica, el Mar Caribe, los Andes y la Amazonía. Los hallazgos arqueológicos más antiguos fueron encontrados en los sitios de Monsú y Pubenza y datan, aproximadamente, del año 20.000 a. C. Otros vestigios dan cuenta de que también hubo ocupación temprana en regiones como El Abra entre Tocancipá, Zipaquirá y Tequendama en Cundinamarca. Las fechas que arrojan estos últimos sitios corresponden al período Paleoindio.

Puerto Hormiga (Bolívar) se han hallado vestigios del periodo Arcaico que incluyen los restos cerámicos más antiguos encontrados en América, los cuales datan del año 3000 a. C. En esta misma época comenzó el cultivo de maíz a pequeña escala en el altiplano cundiboyacense, un grano que resultó tan provechoso que poco después se convirtió en un componente esencial de la dieta de los pobladores. Por su parte, los primeros cultivos de yuca parecen haberse efectuado en la costa atlántica.



Los chibchas o muiscas ocupaban el centro de lo que hoy es Colombia y formaban dos grandes confederaciones: la del Zaque, con capital en Hunza (actual Tunja), y la del Zipa, con capital en Muequetá o Bacatá (actual Funza). Su territorio se extendía longitudinalmente desde Jéridas al norte hasta Pasca al sur, y latitudinalmente desde Lengupá hasta Zipacón.



Suacha (hoy Soacha) era un principado dentro del territorio del Zipa. Su nombre proviene de la conjunción de las voces Sua (Sol) y Cha (Varón), traduciéndose tradicionalmente como «Ciudad del Varón del Sol». En tiempos pretéritos, gran parte de su suelo formó parte del antiguo lago que ocupaba la Sabana de Bogotá. Los antiguos suachunos constituían una comunidad dedicada principalmente a las labores agropecuarias, la minería y la orfebrería, mientras que la caza y la pesca ocupaban un lugar secundario.



Los pobladores de Suacha compartían el sistema religioso de la cultura muisca. Pensaban que cuando todo era tinieblas, la divinidad suprema, Chiminigagua, creó grandes y fantásticas aves negras que envió por todo el cosmos. Estas aves arrojaban por sus picos un aire resplandeciente que rompía la oscuridad del universo, iluminando así el mundo. Asimismo, veneraban la leyenda de Bachué, madre de la humanidad, quien emergió de la laguna de Iguaque (cercana a Tunja) llevando de la mano a un niño de tres años con quien se casó al llegar este a la adolescencia. Se decía que la Tierra se pobló rápidamente gracias a que la pareja, en un ágil recorrido por los territorios, dejaba hasta seis hijos en cada lugar que visitaba.

A pesar de que Bachué promulgó leyes para su pueblo y les enseñó a adorar al Sol (Sua) y a la Luna (Chia), los muiscas aún vestían de forma rudimentaria cuando apareció en la Sabana de Bogotá —proveniente del oriente e ingresando por Pasca y Soacha— un anciano venerable de cabellos canos y espesa barba. Este personaje andaba descalzo, cubría su cuerpo con un largo manto y predicaba sobre la inmortalidad del alma, al tiempo que enseñaba a los pobladores a hilar el algodón, tejer mantas y decorarlas con tintes naturales. La tradición oral lo llamó Bochica. Cuentan antiguos cronistas que en Bosa murió la cabalgadura en la que venía desde lejanas tierras, tras lo cual prosiguió su travesía a pie hacia Cota e Iza, donde su rastro se perdió para siempre.

Tiempo después, Chibchacum, deidad protectora de los bacataes, decidió castigar a los pobladores por sus faltas e infidelidades. Secundado por la rebelde Huitaca, hizo desbordar los ríos Sopó y Tibitó sobre el cauce del río Funza (hoy río Bogotá). Las aguas anegaron por completo la Sabana, dejando a la población sin hogar ni tierras fértiles para la siembra y obligándola a refugiarse en las cumbres montañosas, trayendo consigo una trágica mortandad. Ante semejante catástrofe, los supervivientes imploraron perdón mediante ayunos, penitencias y rogativas.

Atendiendo a sus clamores, Bochica reapareció en una tarde serena. Descendió sobre los colores del arcoíris y, sosteniendo una vara de oro, golpeó la imponente pared rocosa para abrir paso a las aguas del enorme lago que inundaba la campiña.

Las aguas descendieron tumultuosas, dando origen al majestuoso Salto del Tequendama, hito geográfico, mitológico y turístico de Soacha y de Colombia. A lo largo de los siglos, esta impresionante cascada ha sido admirada por virreyes, presidentes, científicos y viajeros de todas las latitudes. Sus riberas fueron recorridas por ilustres figuras de la historia como el virrey Ezpeleta, el sabio José Celestino Mutis, Alexander von Humboldt y los próceres de la Independencia, entre ellos el Libertador Simón Bolívar y el General Francisco de Paula Santander.

Tras realizar el milagro que salvó a su pueblo, el espíritu de Bochica se elevó sobre las espumosas aguas y desapareció entre la bruma que se alzaba hacia el firmamento.

Del Cacicazgo Indígena a la Metrópoli Moderna

Contrario a la denominación colonial de "pueblo de Guacha", la historiografía y la evidencia arqueológica confirman que el territorio estuvo habitado por los cacicazgos de la Confederación Muisca y por grupos predecesores de la Cultura Herrera y del periodo Paleoindio (con ocupaciones en los abrigos rocosos del Tequendama que datan de más de 12.000 años AP).



Tras el proceso de conquista española, el 31 de diciembre de 1600, el oidor Luis Enríquez formalizó el trazado del primitivo "pueblo de indios", adjudicándole las tierras de resguardo y erigiendo la plaza central (actual Parque Principal) entorno a la Parroquia San Bernardino.



A lo largo de los siglos XIX y XX, Soacha transitó de ser una apacible estancia agrícola y veraniega de la aristocracia granadina —famosa por sus haciendas, sus tradicionales amasijos de maíz (garullas y almojábanas) y el histórico Ferrocarril del Sur— a convertirse en un estratégico polo de desarrollo industrial, extractivo y residencial. Hoy en día, el municipio se consolida como una pujante metrópoli en constante crecimiento, receptora de diversidad cultural y garante de la memoria histórica y arqueológica del centro de Colombia.

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Del Cacicazgo Indígena a la Metrópoli Moderna


Contrario a la denominación colonial de "pueblo de Guacha", la historiografía y la evidencia arqueológica confirman que el territorio estuvo habitado por los cacicazgos de la Confederación Muisca y por grupos predecesores de la Cultura Herrera y del periodo Paleoindio (con ocupaciones en los abrigos rocosos del Tequendama que datan de más de 12.000 años AP).


Tras el proceso de conquista española, el 31 de diciembre de 1600, el oidor Luis Enríquez formalizó el trazado del primitivo "pueblo de indios", adjudicándole las tierras de resguardo y erigiendo la plaza central (actual Parque Principal) entorno a la Parroquia San Bernardino.


A lo largo de los siglos XIX y XX, Soacha transitó de ser una apacible estancia agrícola y veraniega de la aristocracia granadina —famosa por sus haciendas, sus tradicionales amasijos de maíz (garullas y almojábanas) y el histórico Ferrocarril del Sur— a convertirse en un estratégico polo de desarrollo industrial, extractivo y residencial. Hoy en día, el municipio se consolida como una pujante metrópoli en constante crecimiento, receptora de diversidad cultural y garante de la memoria histórica y arqueológica del centro de Colombia.

Pre Historia

Dada su ubicación geográfica el territorio actual de Colombia constituyó un corredor de poblaciones entre Mesoamérica, el Mar Caribe, los Andes y la Amazonía. Los hallazgos arqueológicos más antiguos fueron encontrados en los sitios de Monsú y Pubenza y datan, aproximadamente, del año 20.000 a. C. Otros vestigios dan cuenta de que también hubo ocupación temprana en regiones como El Abra entre Tocancipá, Zipaquirá y Tequendama en Cundinamarca. Las fechas que arrojan estos últimos sitios corresponden al período Paleoindio.

Puerto Hormiga (Bolívar) se han hallado vestigios del periodo Arcaico que incluyen los restos cerámicos más antiguos encontrados en América, los cuales datan del año 3000 a. C. En esta misma época comenzó el cultivo de maíz a pequeña escala en el altiplano cundiboyacense, un grano que resultó tan provechoso que poco después se convirtió en un componente esencial de la dieta de los pobladores. Por su parte, los primeros cultivos de yuca parecen haberse efectuado en la costa atlántica.


Los chibchas o muiscas ocupaban el centro de lo que hoy es Colombia y formaban dos grandes confederaciones: la del Zaque, con capital en Hunza (actual Tunja), y la del Zipa, con capital en Muequetá o Bacatá (actual Funza). Su territorio se extendía longitudinalmente desde Jéridas al norte hasta Pasca al sur, y latitudinalmente desde Lengupá hasta Zipacón.


Suacha (hoy Soacha) era un principado dentro del territorio del Zipa. Su nombre proviene de la conjunción de las voces Sua (Sol) y Cha (Varón), traduciéndose tradicionalmente como «Ciudad del Varón del Sol». En tiempos pretéritos, gran parte de su suelo formó parte del antiguo lago que ocupaba la Sabana de Bogotá. Los antiguos suachunos constituían una comunidad dedicada principalmente a las labores agropecuarias, la minería y la orfebrería, mientras que la caza y la pesca ocupaban un lugar secundario.



Los pobladores de Suacha compartían el sistema religioso de la cultura muisca. Pensaban que cuando todo era tinieblas, la divinidad suprema, Chiminigagua, creó grandes y fantásticas aves negras que envió por todo el cosmos. Estas aves arrojaban por sus picos un aire resplandeciente que rompía la oscuridad del universo, iluminando así el mundo. Asimismo, veneraban la leyenda de Bachué, madre de la humanidad, quien emergió de la laguna de Iguaque (cercana a Tunja) llevando de la mano a un niño de tres años con quien se casó al llegar este a la adolescencia. Se decía que la Tierra se pobló rápidamente gracias a que la pareja, en un ágil recorrido por los territorios, dejaba hasta seis hijos en cada lugar que visitaba.



A pesar de que Bachué promulgó leyes para su pueblo y les enseñó a adorar al Sol (Sua) y a la Luna (Chia), los muiscas aún vestían de forma rudimentaria cuando apareció en la Sabana de Bogotá —proveniente del oriente e ingresando por Pasca y Soacha— un anciano venerable de cabellos canos y espesa barba. Este personaje andaba descalzo, cubría su cuerpo con un largo manto y predicaba sobre la inmortalidad del alma, al tiempo que enseñaba a los pobladores a hilar el algodón, tejer mantas y decorarlas con tintes naturales. La tradición oral lo llamó Bochica. Cuentan antiguos cronistas que en Bosa murió la cabalgadura en la que venía desde lejanas tierras, tras lo cual prosiguió su travesía a pie hacia Cota e Iza, donde su rastro se perdió para siempre.



Tiempo después, Chibchacum, deidad protectora de los bacataes, decidió castigar a los pobladores por sus faltas e infidelidades. Secundado por la rebelde Huitaca, hizo desbordar los ríos Sopó y Tibitó sobre el cauce del río Funza (hoy río Bogotá). Las aguas anegaron por completo la Sabana, dejando a la población sin hogar ni tierras fértiles para la siembra y obligándola a refugiarse en las cumbres montañosas, trayendo consigo una trágica mortandad. Ante semejante catástrofe, los supervivientes imploraron perdón mediante ayunos, penitencias y rogativas.



Atendiendo a sus clamores, Bochica reapareció en una tarde serena. Descendió sobre los colores del arcoíris y, sosteniendo una vara de oro, golpeó la imponente pared rocosa para abrir paso a las aguas del enorme lago que inundaba la campiña.



Las aguas descendieron tumultuosas, dando origen al majestuoso Salto del Tequendama, hito geográfico, mitológico y turístico de Soacha y de Colombia. A lo largo de los siglos, esta impresionante cascada ha sido admirada por virreyes, presidentes, científicos y viajeros de todas las latitudes. Sus riberas fueron recorridas por ilustres figuras de la historia como el virrey Ezpeleta, el sabio José Celestino Mutis, Alexander von Humboldt y los próceres de la Independencia, entre ellos el Libertador Simón Bolívar y el General Francisco de Paula Santander.



Tras realizar el milagro que salvó a su pueblo, el espíritu de Bochica se elevó sobre las espumosas aguas y desapareció entre la bruma que se alzaba hacia el firmamento.

Puerto Hormiga (Bolívar) se han hallado vestigios del periodo Arcaico que incluyen los restos cerámicos más antiguos encontrados en América, los cuales datan del año 3000 a. C. En esta misma época comenzó el cultivo de maíz a pequeña escala en el altiplano cundiboyacense, un grano que resultó tan provechoso que poco después se convirtió en un componente esencial de la dieta de los pobladores. Por su parte, los primeros cultivos de yuca parecen haberse efectuado en la costa atlántica.


Los chibchas o muiscas ocupaban el centro de lo que hoy es Colombia y formaban dos grandes confederaciones: la del Zaque, con capital en Hunza (actual Tunja), y la del Zipa, con capital en Muequetá o Bacatá (actual Funza). Su territorio se extendía longitudinalmente desde Jéridas al norte hasta Pasca al sur, y latitudinalmente desde Lengupá hasta Zipacón.


Suacha (hoy Soacha) era un principado dentro del territorio del Zipa. Su nombre proviene de la conjunción de las voces Sua (Sol) y Cha (Varón), traduciéndose tradicionalmente como «Ciudad del Varón del Sol». En tiempos pretéritos, gran parte de su suelo formó parte del antiguo lago que ocupaba la Sabana de Bogotá. Los antiguos suachunos constituían una comunidad dedicada principalmente a las labores agropecuarias, la minería y la orfebrería, mientras que la caza y la pesca ocupaban un lugar secundario.


Los pobladores de Suacha compartían el sistema religioso de la cultura muisca. Pensaban que cuando todo era tinieblas, la divinidad suprema, Chiminigagua, creó grandes y fantásticas aves negras que envió por todo el cosmos. Estas aves arrojaban por sus picos un aire resplandeciente que rompía la oscuridad del universo, iluminando así el mundo. Asimismo, veneraban la leyenda de Bachué, madre de la humanidad, quien emergió de la laguna de Iguaque (cercana a Tunja) llevando de la mano a un niño de tres años con quien se casó al llegar este a la adolescencia. Se decía que la Tierra se pobló rápidamente gracias a que la pareja, en un ágil recorrido por los territorios, dejaba hasta seis hijos en cada lugar que visitaba.


A pesar de que Bachué promulgó leyes para su pueblo y les enseñó a adorar al Sol (Sua) y a la Luna (Chia), los muiscas aún vestían de forma rudimentaria cuando apareció en la Sabana de Bogotá —proveniente del oriente e ingresando por Pasca y Soacha— un anciano venerable de cabellos canos y espesa barba. Este personaje andaba descalzo, cubría su cuerpo con un largo manto y predicaba sobre la inmortalidad del alma, al tiempo que enseñaba a los pobladores a hilar el algodón, tejer mantas y decorarlas con tintes naturales. La tradición oral lo llamó Bochica. Cuentan antiguos cronistas que en Bosa murió la cabalgadura en la que venía desde lejanas tierras, tras lo cual prosiguió su travesía a pie hacia Cota e Iza, donde su rastro se perdió para siempre.


Tiempo después, Chibchacum, deidad protectora de los bacataes, decidió castigar a los pobladores por sus faltas e infidelidades. Secundado por la rebelde Huitaca, hizo desbordar los ríos Sopó y Tibitó sobre el cauce del río Funza (hoy río Bogotá). Las aguas anegaron por completo la Sabana, dejando a la población sin hogar ni tierras fértiles para la siembra y obligándola a refugiarse en las cumbres montañosas, trayendo consigo una trágica mortandad. Ante semejante catástrofe, los supervivientes imploraron perdón mediante ayunos, penitencias y rogativas.


Atendiendo a sus clamores, Bochica reapareció en una tarde serena. Descendió sobre los colores del arcoíris y, sosteniendo una vara de oro, golpeó la imponente pared rocosa para abrir paso a las aguas del enorme lago que inundaba la campiña.


Las aguas descendieron tumultuosas, dando origen al majestuoso Salto del Tequendama, hito geográfico, mitológico y turístico de Soacha y de Colombia. A lo largo de los siglos, esta impresionante cascada ha sido admirada por virreyes, presidentes, científicos y viajeros de todas las latitudes. Sus riberas fueron recorridas por ilustres figuras de la historia como el virrey Ezpeleta, el sabio José Celestino Mutis, Alexander von Humboldt y los próceres de la Independencia, entre ellos el Libertador Simón Bolívar y el General Francisco de Paula Santander.



Tras realizar el milagro que salvó a su pueblo, el espíritu de Bochica se elevó sobre las espumosas aguas y desapareció entre la bruma que se alzaba hacia el firmamento.

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Perfil Prehistórico

Diversos estudios arqueológicos evidencian vestigios de ocupación humana en la Sabana de Bogotá que datan de más de 12 600 años AP. Estos primeros pobladores eran cazadores-recolectores nómadas que no practicaban la alfarería ni la agricultura intensiva. Dichas actividades surgieron hacia el año 500 a.C. (durante el periodo Herrera) y se consolidaron hace unos 1200 años con el desarrollo de la cultura muisca, cuya estructura socioeconómica se fundamentó en el sedentarismo, la alfarería y la agricultura a gran escala.

En la estructura territorial muisca, Bacatá (actual Bogotá), regida por el Zipa, constituía el núcleo político e ideológico más próspero del sur del altiplano, en constante tensión política con Hunza (actual Tunja), gobernada por el Zaque. Bajo este dominio, el territorio de Soacha cumplía un rol estratégico en la Sabana por su cercanía al abrigo rocoso del Tequendama, sus sitios sagrados de origen mítico (como el Salto del Tequendama) y sus extensas áreas agrícolas.

La incursión española alteró drásticamente el equilibrio demográfico y ecológico indígena a través de la violencia, las epidemias, la desestructuración de cultivos tradicionales y el despojo de tierras. Aunque historiográficamente se recuerda el 6 de agosto de 1538 como la fundación de facto o asentamiento militar de Santafé, la verdadera fundación jurídica ocurrió el 27 de abril de 1539. Esta ceremonia contó con la confluencia de tres huestes conquistadoras independientes: Gonzalo Jiménez de Quesada (proveniente de Santa Marta), Nicolás de Federmán (expedicionario alemán enviado por la casa Welser desde Venezuela) y Sebastián de Belalcázar (procedente del Perú).

Ante la inminencia de una guerra civil entre los tres caudillos por la soberanía sobre el altiplano cundiboyacense, se firmó un acuerdo pacífico en el que se trazó la retícula urbana de la ciudad, se nombró el primer Cabildo (alcaldes y regidores) y se constituyó formalmente el municipio. A raíz de estas negociaciones, los tres conquistadores viajaron a España para dirimir sus pretensiones ante Carlos V. Con la posterior instalación de la Real Audiencia de Santafé en 1550, se asignó la encomienda de Soacha, Bosa y Tena al capitán Pedro de Colmenares. En Soacha, Colmenares consolidó la histórica Hacienda El Vínculo, patrimonio rural que pasaría más tarde a su hijo Luis de Colmenares y, posteriormente, a su nieto Nicolás Osorio.

Perfil Prehistórico

Diversos estudios arqueológicos evidencian vestigios de ocupación humana en la Sabana de Bogotá que datan de más de 12 600 años AP. Estos primeros pobladores eran cazadores-recolectores nómadas que no practicaban la alfarería ni la agricultura intensiva. Dichas actividades surgieron hacia el año 500 a.C. (durante el periodo Herrera) y se consolidaron hace unos 1200 años con el desarrollo de la cultura muisca, cuya estructura socioeconómica se fundamentó en el sedentarismo, la alfarería y la agricultura a gran escala.

En la estructura territorial muisca, Bacatá (actual Bogotá), regida por el Zipa, constituía el núcleo político e ideológico más próspero del sur del altiplano, en constante tensión política con Hunza (actual Tunja), gobernada por el Zaque. Bajo este dominio, el territorio de Soacha cumplía un rol estratégico en la Sabana por su cercanía al abrigo rocoso del Tequendama, sus sitios sagrados de origen mítico (como el Salto del Tequendama) y sus extensas áreas agrícolas.

La incursión española alteró drásticamente el equilibrio demográfico y ecológico indígena a través de la violencia, las epidemias, la desestructuración de cultivos tradicionales y el despojo de tierras. Aunque historiográficamente se recuerda el 6 de agosto de 1538 como la fundación de facto o asentamiento militar de Santafé, la verdadera fundación jurídica ocurrió el 27 de abril de 1539. Esta ceremonia contó con la confluencia de tres huestes conquistadoras independientes: Gonzalo Jiménez de Quesada (proveniente de Santa Marta), Nicolás de Federmán (expedicionario alemán enviado por la casa Welser desde Venezuela) y Sebastián de Belalcázar (procedente del Perú).

Ante la inminencia de una guerra civil entre los tres caudillos por la soberanía sobre el altiplano cundiboyacense, se firmó un acuerdo pacífico en el que se trazó la retícula urbana de la ciudad, se nombró el primer Cabildo (alcaldes y regidores) y se constituyó formalmente el municipio. A raíz de estas negociaciones, los tres conquistadores viajaron a España para dirimir sus pretensiones ante Carlos V. Con la posterior instalación de la Real Audiencia de Santafé en 1550, se asignó la encomienda de Soacha, Bosa y Tena al capitán Pedro de Colmenares. En Soacha, Colmenares consolidó la histórica Hacienda El Vínculo, patrimonio rural que pasaría más tarde a su hijo Luis de Colmenares y, posteriormente, a su nieto Nicolás Osorio.

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Perfil Prehistórico



Diversos estudios arqueológicos evidencian vestigios de ocupación humana en la Sabana de Bogotá que datan de más de 12 600 años AP. Estos primeros pobladores eran cazadores-recolectores nómadas que no practicaban la alfarería ni la agricultura intensiva. Dichas actividades surgieron hacia el año 500 a.C. (durante el periodo Herrera) y se consolidaron hace unos 1200 años con el desarrollo de la cultura muisca, cuya estructura socioeconómica se fundamentó en el sedentarismo, la alfarería y la agricultura a gran escala.



En la estructura territorial muisca, Bacatá (actual Bogotá), regida por el Zipa, constituía el núcleo político e ideológico más próspero del sur del altiplano, en constante tensión política con Hunza (actual Tunja), gobernada por el Zaque. Bajo este dominio, el territorio de Soacha cumplía un rol estratégico en la Sabana por su cercanía al abrigo rocoso del Tequendama, sus sitios sagrados de origen mítico (como el Salto del Tequendama) y sus extensas áreas agrícolas.



La incursión española alteró drásticamente el equilibrio demográfico y ecológico indígena a través de la violencia, las epidemias, la desestructuración de cultivos tradicionales y el despojo de tierras. Aunque historiográficamente se recuerda el 6 de agosto de 1538 como la fundación de facto o asentamiento militar de Santafé, la verdadera fundación jurídica ocurrió el 27 de abril de 1539. Esta ceremonia contó con la confluencia de tres huestes conquistadoras independientes: Gonzalo Jiménez de Quesada (proveniente de Santa Marta), Nicolás de Federmán (expedicionario alemán enviado por la casa Welser desde Venezuela) y Sebastián de Belalcázar (procedente del Perú).



Ante la inminencia de una guerra civil entre los tres caudillos por la soberanía sobre el altiplano cundiboyacense, se firmó un acuerdo pacífico en el que se trazó la retícula urbana de la ciudad, se nombró el primer Cabildo (alcaldes y regidores) y se constituyó formalmente el municipio. A raíz de estas negociaciones, los tres conquistadores viajaron a España para dirimir sus pretensiones ante Carlos V. Con la posterior instalación de la Real Audiencia de Santafé en 1550, se asignó la encomienda de Soacha, Bosa y Tena al capitán Pedro de Colmenares. En Soacha, Colmenares consolidó la histórica Hacienda El Vínculo, patrimonio rural que pasaría más tarde a su hijo Luis de Colmenares y, posteriormente, a su nieto Nicolás Osorio.


El pueblo de indios de Soacha fue fundado mediante un auto dictado por el oidor visitador Luis Henríquez, quien ordenó el poblamiento, la agregación de las comunidades indígenas dispersas y el amparo en la posesión de sus tierras y labranzas. La traza urbana mediante calles cuadriculares en ajedrez y la construcción de la iglesia parroquial de tapia pisada y teja de barro cocido se concretaron el 31 de diciembre de 1600. Este hito consta en las diligencias de visita llevadas a cabo por el oidor Gabriel de Carvajal en 1639 y se revalida en el contrato de obra para el templo concertado por el mismo oidor Henríquez con el alarife español Domingo Moreno.

El primer plano cartográfico conocido de la zona data de 1627. En este documento gráfico se aprecia la traza inicial del poblado con su templo, ubicado a la derecha del camino real hacia el Salto del Tequendama, en el ángulo norte delimitado por este camino y la quebrada Soacha. En las inmediaciones del caserío se distinguen diversas estancias de españoles, propiedades de tierra adjudicadas mediante mercedes coloniales donde la población indígena laboraba bajo la figura del concierto tributario.

El régimen de encomiendas y mercedes agrarias se consolidó mediante la desposesión de las tierras ancestrales aborígenes por parte de la Corona española para su adjudicación a encomenderos y terratenientes. En el caso de Soacha, este proceso se remonta al capitán Pedro de Colmenares hacia mediados del siglo XVI. Posteriormente, hacia finales del siglo XVIII, importantes fracciones territoriales pasaron a manos de influyentes familias criollas, como los Umaña —cuyas propiedades abarcaban desde el actual municipio de Granada hasta el sector de Terreros— y la familia Urdaneta, que adquirió la extensa Hacienda Canoas, con dominios que se extendían desde San Antonio del Tequendama hasta el límite norte del municipio.

La conquista e instauración del régimen colonial desencadenaron un colapso demográfico entre la población nativa, provocado por las pandemias de origen europeo, el trabajo forzado en la mita y la desarticulación de las estructuras sociofamiliares. Paralelamente, se reconfiguró el paisaje geográfico con la creación de latifundios ganaderos y agrícolas para la población criolla y peninsular, la delimitación restringida de resguardos para los aborígenes, y la introducción del ganado vacuno, equino y ovino junto con monocultivos como el trigo y la cebada.

El pueblo de indios de Soacha fue fundado mediante un auto dictado por el oidor visitador Luis Henríquez, quien ordenó el poblamiento, la agregación de las comunidades indígenas dispersas y el amparo en la posesión de sus tierras y labranzas. La traza urbana mediante calles cuadriculares en ajedrez y la construcción de la iglesia parroquial de tapia pisada y teja de barro cocido se concretaron el 31 de diciembre de 1600. Este hito consta en las diligencias de visita llevadas a cabo por el oidor Gabriel de Carvajal en 1639 y se revalida en el contrato de obra para el templo concertado por el mismo oidor Henríquez con el alarife español Domingo Moreno.

El primer plano cartográfico conocido de la zona data de 1627. En este documento gráfico se aprecia la traza inicial del poblado con su templo, ubicado a la derecha del camino real hacia el Salto del Tequendama, en el ángulo norte delimitado por este camino y la quebrada Soacha. En las inmediaciones del caserío se distinguen diversas estancias de españoles, propiedades de tierra adjudicadas mediante mercedes coloniales donde la población indígena laboraba bajo la figura del concierto tributario.

El pueblo de indios de Soacha fue fundado mediante un auto dictado por el oidor visitador Luis Henríquez, quien ordenó el poblamiento, la agregación de las comunidades indígenas dispersas y el amparo en la posesión de sus tierras y labranzas. La traza urbana mediante calles cuadriculares en ajedrez y la construcción de la iglesia parroquial de tapia pisada y teja de barro cocido se concretaron el 31 de diciembre de 1600. Este hito consta en las diligencias de visita llevadas a cabo por el oidor Gabriel de Carvajal en 1639 y se revalida en el contrato de obra para el templo concertado por el mismo oidor Henríquez con el alarife español Domingo Moreno.

El primer plano cartográfico conocido de la zona data de 1627. En este documento gráfico se aprecia la traza inicial del poblado con su templo, ubicado a la derecha del camino real hacia el Salto del Tequendama, en el ángulo norte delimitado por este camino y la quebrada Soacha. En las inmediaciones del caserío se distinguen diversas estancias de españoles, propiedades de tierra adjudicadas mediante mercedes coloniales donde la población indígena laboraba bajo la figura del concierto tributario.

El régimen de encomiendas y mercedes agrarias se consolidó mediante la desposesión de las tierras ancestrales aborígenes por parte de la Corona española para su adjudicación a encomenderos y terratenientes. En el caso de Soacha, este proceso se remonta al capitán Pedro de Colmenares hacia mediados del siglo XVI. Posteriormente, hacia finales del siglo XVIII, importantes fracciones territoriales pasaron a manos de influyentes familias criollas, como los Umaña —cuyas propiedades abarcaban desde el actual municipio de Granada hasta el sector de Terreros— y la familia Urdaneta, que adquirió la extensa Hacienda Canoas, con dominios que se extendían desde San Antonio del Tequendama hasta el límite norte del municipio.

La conquista e instauración del régimen colonial desencadenaron un colapso demográfico entre la población nativa, provocado por las pandemias de origen europeo, el trabajo forzado en la mita y la desarticulación de las estructuras sociofamiliares. Paralelamente, se reconfiguró el paisaje geográfico con la creación de latifundios ganaderos y agrícolas para la población criolla y peninsular, la delimitación restringida de resguardos para los aborígenes, y la introducción del ganado vacuno, equino y ovino junto con monocultivos como el trigo y la cebada.

Tras su fundación formal, Soacha adoptó la dinámica administrativa y sociocultural típica de los reducciones indígenas de la Nueva Granada. El templo parroquial fue consagrado bajo la advocación de San Bernardino de Siena y administrado preliminarmente por religiosos franciscanos con el propósito de cristianizar y adoctrinar a los nativos. El registro de bautismo más antiguo conservado en sus archivos data de 1628, documento en el cual ya figura la grafía hispanizada «Soacha» en lugar de la forma autóctona Suacha. En lengua muisca (muysccubun), la expresión deriva de las raíces Sua (Sol) y Cha (Varón o Señor), traduciéndose históricamente como «Varón del Sol». Para el 4 de septiembre de 1759, la visita oficial efectuada por el oidor Joaquín de Aróstegui y Escoto registró una población de 332 indígenas y 430 habitantes blancos y mestizos. En esa misma diligencia, el 17 de septiembre de 1759, el oidor Aróstegui promulgó la creación de una casa hospital para la atención de los naturales desvalidos del resguardo.

La iglesia parroquial de San Bernardino de Soacha sufrió severos daños y el colapso parcial de su estructura tras el devastador terremoto del 12 de julio de 1785. La reconstrucción del templo concluyó en 1791 con un costo total de 11 509 pesos y 6 reales, financiada parcialmente con recursos de la Real Audiencia de Santafé bajo la administración pastoral del presbítero Francisco López.
Años más tarde, el sismo del 16 de noviembre de 1827 arruinó nuevamente la edificación, lo que obligó a levantar un tercer templo de corte neoclásico. Esta nueva estructura también colapsó a raíz del terremoto del 1.º de septiembre de 1917. Su reconstrucción inicial fue emprendida por el párroco Jesús Avellaneda e inaugurada en 1921. Posteriormente, el 25 de julio de 1937, el párroco Rafael Reyes Barrera completó las obras con la construcción definitiva de la torre campanario. Sin embargo, el fuerte sismo del 9 de febrero de 1967 causó fracturas estructurales irreparables en el conjunto arquitectónico. Por esta razón, el antiguo templo neocolonial e historicista fue demolido, dando paso a la edificación de la actual iglesia de estilo modernista que preside la Plaza Principal de Soacha.


Tras su fundación formal, Soacha adoptó la dinámica administrativa y sociocultural típica de los reducciones indígenas de la Nueva Granada. El templo parroquial fue consagrado bajo la advocación de San Bernardino de Siena y administrado preliminarmente por religiosos franciscanos con el propósito de cristianizar y adoctrinar a los nativos. El registro de bautismo más antiguo conservado en sus archivos data de 1628, documento en el cual ya figura la grafía hispanizada «Soacha» en lugar de la forma autóctona Suacha. En lengua muisca (muysccubun), la expresión deriva de las raíces Sua (Sol) y Cha (Varón o Señor), traduciéndose históricamente como «Varón del Sol». Para el 4 de septiembre de 1759, la visita oficial efectuada por el oidor Joaquín de Aróstegui y Escoto registró una población de 332 indígenas y 430 habitantes blancos y mestizos. En esa misma diligencia, el 17 de septiembre de 1759, el oidor Aróstegui promulgó la creación de una casa hospital para la atención de los naturales desvalidos del resguardo.

La iglesia parroquial de San Bernardino de Soacha sufrió severos daños y el colapso parcial de su estructura tras el devastador terremoto del 12 de julio de 1785. La reconstrucción del templo concluyó en 1791 con un costo total de 11 509 pesos y 6 reales, financiada parcialmente con recursos de la Real Audiencia de Santafé bajo la administración pastoral del presbítero Francisco López.

Años más tarde, el sismo del 16 de noviembre de 1827 arruinó nuevamente la edificación, lo que obligó a levantar un tercer templo de corte neoclásico. Esta nueva estructura también colapsó a raíz del terremoto del 1.º de septiembre de 1917. Su reconstrucción inicial fue emprendida por el párroco Jesús Avellaneda e inaugurada en 1921. Posteriormente, el 25 de julio de 1937, el párroco Rafael Reyes Barrera completó las obras con la construcción definitiva de la torre campanario. Sin embargo, el fuerte sismo del 9 de febrero de 1967 causó fracturas estructurales irreparables en el conjunto arquitectónico. Por esta razón, el antiguo templo neocolonial e historicista fue demolido, dando paso a la edificación de la actual iglesia de estilo modernista que preside la Plaza Principal de Soacha.



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